Al principio fue la pregunta. No la respuesta —que siempre llega tarde, si es que llega—, sino la pregunta viva que no deja dormir.
El explorador no llegó a ninguna conclusión. Llegó a una práctica. Entendió que el pensamiento sin acción es evasión elegante. Y que la acción sin pensamiento es ruido con buenas intenciones.
Lo que buscaba era pensamiento encarnado. Filosofía que se vuelve gesto, palabra que se vuelve pan, concepto que se vuelve encuentro.