El liderazgo requiere su propia forma de asepsia. No en el sentido de frialdad o distancia emocional, sino en el de protección consciente de los espacios donde se construye colaborativamente.
Los protocolos de asepsia no son para evitar lo humano. Son para protegerlo.
Los límites no son muros. Son membranas. Permiten el intercambio necesario mientras filtran lo que no corresponde.